Maica bella.

Maica, mujer bonita,
delgada como un cigarrillo
de los de liar;
siempre tan elegante,
nunca sin tacón.
Fuerte pelo negro, cortito,
facciones delicadas, finas.

Te conocí porque viniste a pedirme.
No tenías qué comer,
Menos dónde dormir.
Me conquistaste el corazón, el alma.

Dios mío, Maica,
te habría llevado a mi casa,
te hubiera rogado que
dejases la calle,
tu esquina.
Pero te acababa de conocer
y, a veces, los prejuicios, matan gente.

Preciosa Maica,
vendería mi alma por cambiarlo todo,
por haberte conocido en otra circunstancia.

Conversamos un buen rato.
Recuerdo que me pediste
un par de cigarros:
uno, que fumaste conmigo,
otro, que guardaste para tu hermano.

Maica, te quiero.

Tan pequeña, y con tanto corazón.
Joder, ¿dónde lo guardabas?
Igual que el respeto, el amor…
te brotaban por cada poro.
Envidiable.

Te volví a ver de nuevo;
ojo amoratado,
rodilla hinchada,
demasiado en tus piernecitas escuálidas.
¡Maldita la calle,
malditas circunstancias
malditos prejuicios!
Hubiera hecho de todo por ti,
de no haber sido por el miedo.

Maica, te quiero.
Pero ya da igual cuantas veces lo repita.
No hice nada cuando pude y
ahora que me decido,
se han llevado la vida
de tu cuerpecillo…

Publicado desde Laira Valdi’s WordPress Blog

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