Hoy, sin venir a cuento,

me he fijado y de repente,

lo he podido ver.

Después de tanto.

Me iba fijando en el humo

que salía

de los edificios.

Provenía de las calderas,

del calor de los hogares.

Pero al juicio de mis ojos

era humo negro,

volátil, inservible.

No veían los ojos calor, ni hogares,

no veían más que

deshechos.

Me iba fijando en el asfalto,

y no veía un camino que seguir,

con un destino esperado,

una meta por la que sacrificarlo todo.

Sólo veía un amasijo

de brea gris,

imperfecta, oscura, destrozada.

Hoy me he fijado en el juicio de los ojos,

en como lo distorsionan todo.

Por eso, tras tanto tiempo,

soy ya conocedor de lo que callas.

He adivinado, sagaz, el juicio

de tus ojos,

claros,

que lo ven todo oscuro.

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