Al último juicio, que ya es hora.

Su señoría abre la sesión.
De una parte, mis entrañas;
de otra parte, tu arrogancia.
Enorme.

Deslizo tragos furtivos de la petaca a la garganta
Una bomba de relojería fina en el pecho
Las muñecas ensangrentadas y rotas
De las rodillas y las rajas.

Su señoría me mira con atención,
sabe que no fui yo,
que yo no fui
tan
Hija
de
Puta.

El agua de mayo, el olor agrio
del barro en el lamento.
La sombra pesada con su manto
negro.

Es el último juicio, es tu victoria o la mía.
Es el cierre de un ciclo,
largo y nauseabundo.
Alegre y prematuro.
Es mayo con sol y sin lluvia.
Es agosto sin calor y con frío.

Es una nada abotargada y colapsada,
repleta de nada, que ya explota.
Demasiado bajo la alfombra,
alcantarillas de mierda hasta arriba.

Tu silencio se me clava
y tu arsenal de promesas falsas
me acaba.

Laira Valdi

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