Madre, mientes.

231H

Querido diario,
hoy te haré la confesión más íntima:
Madre clavó sus ojos
en mis ojos
y consideró que sus sueños fallidos
precederían a los míos.

Clavó sus ojos
y se atrevió a hablar de mentira onírica.
Con palabras en sangre me invitó a abandonar el hito
a adaptarme a la jungla de cemento,
ser casada, letrada y tener niños como principal elemento.

Un “te jodes si luchas”
de su descortés boca errante.
Desesperanzada lección,
cuanto menor la expectación, menor la decepción.
Calor humano no existe, calor humano se desprende
de relaciones viciosas, de simbiosis engañosa,
de besos furiosos, de dependencia en lazos,
de golpes en mesa, de golpes de masa.

Madre,
hoy clavo mis ojos
en los tuyos.
Mientes. Me niego a la convicción de tu ruleta semántica.
Tu desaliento hiede. Mi aliento es fuerte.
Madre, no puedes clavarme los ojos
porque eres ciega…

Yo sólo creo
que volverá a reír la primavera
y clavaré mis ojos en ella.
Y clavaré mi verdad en mentiras de reos
como tú ciegos
de mente.

Volverá la primavera
y yo
sonreiré a la vida con ella.

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