Laberinto crítico mental

Piso con los pies descalzos
vallas fronterizas melladas de hipocresía.
Munch me grita desde las paredes
de una cueva hermética que me aparte del mundo
y me haga noche por y para siempre.

Llevo un lazo atado a las costillas,
cosido a mi piel, de raso
y pequeñas piezas de satén,
y pertenece a un pasado
de olvido reticente
a cruzar puertas
de papel.

Castillos de naipes que
deberían
pero no quieren
caer;

son así de tercos.
Deben evaporarse entre velos
y dudas convexas
pero no, no parece que vayan a ceder.

Noches y abrazos,
polvos intensos y palabras intensas,
cigarros que se queman y se pierden
entre historias que parecen inconexas
pero que

 se entrelazan entre ellas
como los dedos de tus manos en mis piernas.

Estamos en un laberinto mental muy crítico,
muy críptico.

¿De quién te vas a fiar:
de esa barca de cinismo social
que promete amor eterno, lealtad, perdices y ficción hollywoodiense…
o
de ti mismo,
cuchillo en mano en busca de yugular,
atado a suicidio repetitivo bajo piel de cariño?

E. Munch,

E. Munch, “Kiss by the window”

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