Nacidos para morir

Las estructuras de metal se ablandan a tu paso.

Perfil de ciudad recortando el cielo
desdobla su mano
y es compasivo contigo
el sol encoge tus retinas, 
y te desdoblas también 
compasivo
y lloras
con fiereza infantil.

El olor de la sangre que la Senectud
desprecia ya por demasiado vieja
               —el olor a viejo—
te persigue en cada esquina:

vida calibrando alzas de librillo
recordando en cada clic
que es la única zorra inmune
a su propia dictadura temporal.

Nadie escapa.

Y recuerdas palabras que tu padre
ya nunca te dirá.

Recuerdas la imagen                           de la calle
                             en que todos duermen
y nadie sueña.

Te acosa y se ensaña
aparece en el momento feliz
y se ríe socarrona
y te dice con los ojos
que 

el tiempo 

no 

perdona.

Moriremos siendo niños
buscando el pezón materno
en cada esquina 
siendo lactantes eternos,
que boquean por cariño
que nutra el ego que nos ciega.

Sangrar de adultos, 
sangrar de viejos,
no será más que una espina
hasta que la muerte traiga indulto 
y nos libre
de la vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s