#ANA LEP SI A#

El hombre muerto
despierta cada mañana
en su sarcófago mugriento.

Se sacude el polvo
resbalan sus manos sobre pátina de pasado
que recubre su cuerpo
que lo convierte
en analepsis vital viviente.

Es lo único que lo mantiene.

Cada mañana,
el hombre muerto cree que nos engaña
con su pintura sobre ojeras
su perfume fresco,
sus palabras frescas,
sus ojos frescos,
su monotonía
reseca.

El hombre muerto
–el nosotros–
se desvanece a la vuelta en cada esquina de presente
buscando su fantasía en todas partes,
su santa analepsis latente.

Sacude gusanos de las mucosas de su estómago
en cada palabra.
Versa las miserias de una vida memorable,
afirma sangrar tinta y ser violado por ella.

Se parte los huesos cada noche
para vencer el rigor mortis
se mete en su caja y
–lo que no sabéis:–
espera paciente
al nuevo mañana
para infestar con su analepsis coactiva
los espejos
de cada
una
de
nuestras
vidas.

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